Vitoria transforma su plaza de toros y abre la puerta a un futuro sin tauromaquia

El Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz ha iniciado los trámites para transformar el Iradier Arena en un espacio cultural multiusos que eliminará toda infraestructura ligada a la tauromaquia. ¿Puede una ciudad redefinir su identidad renunciando a los espectáculos donde los animales son víctimas?

23 febrero 2026
Vitoria-Gateiz, España.
Vitoria transforma su plaza de toros y abre la puerta a un futuro sin tauromaquia

Había caballerizas, cuadras, burladeros, una capilla y un quirófano. Había también una lógica invisible pero omnipresente: la de un espacio construido para que los toros fueran matados en público como espectáculo. El Iradier Arena de Vitoria-Gasteiz nació en 2006 como plaza de toros, se inauguró el 4 de agosto de ese año con una corrida protagonizada por El Fandi, Sebastián Castella y Salvador Cortés —con toros de Ana Romero— y durante una década albergó la violencia sistemática contra individuos que nunca eligieron estar allí.

Hoy, ese recinto se encuentra en la antesala de una transformación radical. El Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz prevé sacar a licitación a comienzos de marzo de 2026 el primer pliego técnico de una reforma integral cuyo objetivo declarado es eliminar cualquier rastro estructural vinculado al uso taurino. Según han explicado Beatriz Artolazabal, teniente de alcaldesa y portavoz del Partido Nacionalista Vasco (PNV), y Sonia Díaz de Corcuera, concejala de Cultura, el proceso se articulará en fases sucesivas: asistencia técnica, estudio de viabilidad económica, proyecto de obras y concesión pública, y supervisión en ejecución. El objetivo político es dejar el proyecto encauzado antes de la primavera de 2027, fin de legislatura.

El resultado previsto: dos grandes salas, una para espectáculos y eventos con aforo de entre 5.000 y 6.000 personas, y una sala sinfónica de excelencia acústica para unas 1.500. Cultura, música, encuentro ciudadano. Ningún ruedo. Ningún animal encerrado esperando la muerte. «Lo que está pasando en Vitoria es mucho más que una reforma arquitectónica», declara Aïda Gascón, directora de AnimaNaturalis en España. "Es una ciudad que está eligiendo qué quiere celebrar y qué quiere dejar atrás. Y esa elección, cuando implica el fin de la explotación animal, merece ser reconocida y apoyada".

El peso de lo que ocurría dentro

Para entender la magnitud de lo que se está decidiendo en Vitoria-Gasteiz, es necesario mirar con honestidad a lo que ocurría en esa arena. La tauromaquia no es un espectáculo donde los animales participan: es un ritual donde son torturados y matados. Los toros utilizados en corridas son sometidos a una secuencia documentada de sufrimiento físico y psicológico —picadores, banderillas, estoque— que culmina invariablemente en su muerte. No existe ambigüedad científica al respecto: los estudios sobre neurociencia animal y capacidad de sufrimiento en bovinos confirman que estos individuos experimentan dolor, miedo y estrés de forma comparable a otros mamíferos.

Desde que en 2016 el consistorio vitoriano decidió suprimir las corridas de toros en el recinto, el Iradier Arena mantuvo, sin embargo, un vínculo con la tradición taurina a través de los festejos de vaquillas. Previstos para el 25 de julio de 2026 y durante las fiestas de La Blanca, del 5 al 9 de agosto, podrían ser los últimos. Porque cuando la infraestructura desaparezca, desaparece también la posibilidad. Y esa es, precisamente, la dirección correcta.

La historia taurina de Vitoria es larga: desde finales del siglo XVIII, la capital alavesa fue plaza de referencia. Por la antigua Txagorritxu desfilaron figuras del toreo durante las Fiestas de la Virgen Blanca. Ese legado existe y nadie puede borrarlo del libro de historia. Pero conservar la memoria de algo no obliga a perpetuarlo. Las ciudades que han renunciado a espectáculos que implican crueldad animal no han perdido su identidad: la han profundizado.

"Hay una narrativa que presenta el fin de la tauromaquia como una pérdida cultural", añade Gascón. "Pero lo que realmente se pierde cuando se cierra una plaza es la normalización del sufrimiento. Y eso no es una pérdida: es un avance moral".

Una oportunidad que no puede desperdiciarse

Lo que ocurre en Vitoria-Gasteiz no es un hecho aislado. Es parte de un proceso más amplio de revisión social de la relación entre los seres humanos y los animales no humanos. En los últimos años, varias ciudades y comunidades autónomas han reducido o eliminado los apoyos públicos a la tauromaquia. El debate sobre si los espectáculos que implican el sufrimiento y la matanza de animales pueden considerarse "cultura" ha ganado espacio en la esfera pública, en los medios y en los parlamentos.

La reforma del Iradier Arena llega, además, en un momento en que el sector taurino en el País Vasco acusa su propia fragilidad. Las corridas desaparecieron del cartel vitoriano hace una década sin que ninguna empresa ni promotor reclamara la gestión del espacio. Según informaciones publicadas, la plaza no fue prohibida: fue abandonada por quienes debían sostenerla. Lo que el ayuntamiento está haciendo ahora es, en parte, recoger las consecuencias de ese vacío y darle un uso que responda a las necesidades reales de la ciudadanía.

Pero hay algo más importante que la gestión de un edificio: hay una oportunidad de señalar, con hechos concretos, que el bienestar de los seres sintientes importa. Que las ciudades pueden construir cultura, comunidad e identidad sin que eso implique el confinamiento y la matanza de individuos que no tienen voz en esa decisión.

"Cada vez que una plaza de toros cierra o se transforma, algo cambia en el imaginario colectivo", sostiene Gascón. "No porque desaparezca la historia, sino porque la sociedad decide que esa historia no define su futuro. En Vitoria, esa decisión está a punto de hacerse irreversible, y eso es una buena noticia para los animales".

Decisiones concretas

Lo que está sucediendo en Vitoria-Gasteiz nos recuerda algo fundamental: las transformaciones sociales no caen del cielo. Son el resultado acumulado de presión ciudadana, cambios culturales y decisiones políticas que, a su vez, son posibles porque hay personas que sostienen el trabajo de quienes defienden a quienes no tienen voz.

Si te importa que ciudades como Vitoria sigan avanzando en la dirección correcta, puedes actuar hoy mismo. Comparte esta noticia en tus redes para que más personas entiendan lo que está en juego. Firma las campañas activas de AnimaNaturalis contra la tauromaquia y los espectáculos que explotan a animales no humanos. Habla con tu entorno sobre por qué el fin de la tauromaquia no es una cuestión de gustos, sino de ética.

Y si puedes dar un paso más, considera hacerte socia o socio de AnimaNaturalis. Cada aportación permite mantener campañas activas, llegar a más personas y estar presentes donde se toman las decisiones que afectan a millones de seres sintientes. En AnimaNaturalis creemos que el cambio es posible. Vitoria lo está demostrando.