Según los datos del Ministerio de Cultura, en el año 2000 había 845 municipios españoles que celebraban festejos taurinos en plazas de tercera categoría. En 2019, esa cifra había caído a 328 municipios. Una reducción del 61% en menos de dos décadas. Más de 500 pueblos han desaparecido del mapa taurino. Y con ellos, miles de toros que ya no serán torturados y matados en sus fiestas patronales.
"Lo que estamos viendo en el medio rural no es solo un problema económico del sector taurino: es el reflejo de una sociedad que está dejando de aceptar el sufrimiento animal como entretenimiento", expresa Aïda Gascón, directora de AnimaNaturalis en España. "Cada municipio que deja de organizar un festejo mayor es un paso hacia un mundo más justo para los animales no humanos".
La infografía difundida recientemente por sectores taurinos presenta esta caída como una tragedia para la "base territorial" de la tauromaquia. Lo que no dicen es que detrás de cada plaza que cierra, hay cientos de toros que no serán heridos con banderillas, desangrados con la puntilla y arrastrados muertos ante el público. El declive es real. La pregunta es: ¿a quién beneficia que se revierta?
Por qué el sistema ya no puede sostenerse a sí mismo
Los defensores de la tauromaquia argumentan que el problema es puramente económico y normativo: los costes son demasiado altos, la normativa demasiado exigente, y los ayuntamientos no pueden costear el festejo mayor. Tienen razón en el diagnóstico, aunque no en las conclusiones. Organizar una corrida en una plaza de tercera categoría supera los 70.000 euros en costes —honorarios profesionales, transporte y logística de los toros desde las ganaderías, seguros, servicios sanitarios y de seguridad—, mientras que los ingresos por taquilla raramente alcanzan los 18.000 o 20.000 euros. El déficit supera los 50.000 euros por festejo.
Ese agujero no desaparece: lo paga el erario público. Y los ciudadanos y ciudadanas españolas lo financian cada año con cifras que resultan difíciles de asumir. Estudios calculan que las subvenciones públicas a la tauromaquia superan los 500 millones de euros anuales sumando las procedentes de la Unión Europea y del Estado español, según datos recopilados por organizaciones de defensa animal. Solo entre 2002 y 2020, la ganadería de lidia recibió fondos europeos de la Política Agraria Común (PAC) por valor de al menos 430 millones de euros, según un estudio de la Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia y del Maltrato Animal (AVATMA).
La Comunidad de Madrid, bajo la presidencia de Isabel Díaz Ayuso (PP), es el ejemplo más extremo. Sus presupuestos de 2023 incluyeron una partida de 6,3 millones de euros para Asuntos Taurinos, el doble que el año anterior. Telemadrid tiene presupuestados para 2025 más de 3,1 millones de euros para retransmitir festejos taurinos, un incremento del 113% respecto a 2024. Todo esto ocurre mientras la asistencia a corridas lleva más de una década en caída libre: España pasó de 3,2 millones de espectadores en 2014 a 2,5 millones en 2024, según la Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales del Ministerio de Cultura. Una caída del 22% en diez años.
"Los datos muestran que la tauromaquia no está creciendo, sino resistiendo a base de subsidios y políticas de promoción dirigidas a los jóvenes", señala Gascón. "Se está intentando maquillar el declive natural de una práctica cada vez más rechazada por la sociedad, utilizando dinero público para captar nuevas generaciones que de otra forma jamás se acercarían a una plaza de toros".
El declive en el medio rural es, en este sentido, más honesto que el artificialmente sostenido en las grandes ciudades. Cuando no hay subvención suficiente, cuando el alcalde no puede justificar un déficit de 50.000 euros ante sus vecinos, la corrida desaparece. El mercado libre, paradójicamente, hace lo que los legisladores no se atreven: dejar morir en paz a una industria basada en el sufrimiento.
Y lo que queda en su lugar no es el vacío: son fiestas patronales sin matanzas, pueblos que celebran sin que nadie tenga que morir. Más de 500 municipios españoles han demostrado que es perfectamente posible.
El futuro que el sector taurino teme nombrar
Cuando el propio sector taurino publica infografías lamentando que "la base de la tauromaquia se está perdiendo", está reconociendo involuntariamente algo poderoso: que su modelo es insostenible sin intervención artificial. Que la ciudadanía, cuando elige libremente, elige otra cosa. Que el relevo generacional que tanto anhelan no llega, a pesar del Bono Cultural Joven —una subvención de 400 euros al cumplir la mayoría de edad que el Gobierno central incluyó entre las actividades financiables—. La asistencia entre jóvenes de 15 a 19 años subió 3,8 puntos porcentuales tras esa medida, pero el porcentaje total de la población que acude a cualquier festejo taurino se mantiene en un raquítico 8%, el mismo que hace años, según la Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales 2024-2025 del Ministerio de Cultura.
El panorama es aún más contundente cuando se mide la oposición ciudadana. Una encuesta de Ipsos I&O Public para CAS International, realizada a 7.500 personas en España, Francia y Portugal, reveló que el 77% considera que la tauromaquia causa demasiado sufrimiento y el 58% apoya su prohibición. En España específicamente, el 73% de la ciudadanía está en contra o le resulta indiferente la tauromaquia, según datos citados por organizaciones de bienestar animal.
El número total de festejos taurinos en España también lo confirma sin ambigüedades: hace casi veinte años se registraron más de 3.600 festejos; en 2024, solo fueron 1.451. Una caída de más del 60% en el total de espectáculos desde 2007.
Lo que el sector taurino llama "inviabilidad económica" es, en realidad, el veredicto de la sociedad. Y ese veredicto tiene víctimas muy concretas: los toros que cada año siguen siendo matados en las plazas que quedan en pie, financiadas con dinero público en un país donde la mayoría dice no querer pagar por eso. El sufrimiento no se ha reducido a cero. Pero su territorio se estrecha. Y eso importa.
El declive natural necesita un empujón definitivo
El colapso de la tauromaquia en el medio rural no ha llegado por generación espontánea. Ha llegado porque cada vez más personas han dejado de aceptar que el entretenimiento justifique el dolor de un ser sintiente. Porque alcaldes y alcaldesas han tenido que explicarle a sus vecinos por qué gastan 50.000 euros en que maten a un toro. Porque la ciudadanía ha exigido, poco a poco, algo mejor.
Pero el proceso necesita acelerarse. Mientras 500 pueblos ya eligieron otra forma de celebrar, en cientos de plazas que permanecen activas —muchas de ellas sostenidas artificialmente con fondos públicos— los toros siguen siendo torturados y matados cada temporada. AnimaNaturalis lleva décadas trabajando para que ese número sea cero.
Puedes actuar hoy de estas formas concretas:
- Como individuo: Si resides en un municipio que aún organiza festejos taurinos con dinero público, escribe a tu ayuntamiento exigiendo que esos fondos se destinen a actividades que no impliquen sufrimiento animal. Tu voz cuenta, especialmente en los pequeños municipios donde una docena de cartas puede cambiar una decisión política.
- Como ciudadano o ciudadana: Firma y comparte la campaña de AnimaNaturalis para exigir la eliminación total de las subvenciones públicas a la tauromaquia. En un momento en que más del 77% de la población considera que causa demasiado sufrimiento, las administraciones no tienen justificación democrática para seguir financiándola.
- Junto a AnimaNaturalis: El trabajo de documentación, denuncia y presión institucional que ha permitido visibilizar esta crisis no se financia solo. Si crees, como nosotras y nosotros, que ningún animal debería morir para entretener a nadie, hazte socio o socia de AnimaNaturalis o realiza una donación puntual. Cada euro sostenido por personas comprometidas es un paso más hacia el mundo que los animales merecen.
"El futuro será de quienes entienden que la compasión también es cultura", concluye Gascón. "Y ese futuro ya está llegando, pueblo a pueblo, plaza cerrada tras plaza cerrada".

